Ayer, como todos los días, compré el periódico y, temblando, empecé a leerlo.
Las notas sobre decapitaciones y otros espeluznantes crímenes narrados en “El Norte” debieran ser suficientes para ponerme a temblar pero confieso que se me ha “trivializado” tanto el asunto que, puedo estar leyendo lo terrible que debió ser el que a alguno de los anónimos afectados por tan radical forma de perder la cabeza se la desprendieron con un cuchillo romo, mientras transita el café, deliciosa, tibia y placenteramente, por mi intacta garganta.
Mi temblorina en realidad es causada porque los dueños de la cafetería decidieron que en sus establecimientos si se aplicaría la Ley Antitabaco y, adicto irredento como soy, sufro de Síndrome de Abstinencia.
¡Pero cuanto dislate!
Lo que verdaderamente me motivó a “postear” hoy fue la sorpresa que experimenté al leer el artìculo ‘Extraño enemigo’, del columnista Lorenzo Meyer (El Norte, 4 Sep. 2008).
Meyer estudia nuestras violencias y hace una síntesis que yo podría suscribir. ¡Tenemos –casi- las mismas teorías, diagnóstico e, incluso, compartimos algunas recetillas para el tratamiento!
Me sorprendió aun más que Lorenzo recurriera, como yo en mi escrito anterior, a fundamentar algunas ideas en el remotísimo y poco recordado estudio de Oscar Lewis.
Sin embargo con Lorenzo Meyer, igual que con Carmen Aristegui, Miguel Ángel Granados Chapa, et al, clasificados como “periodistas de izquierda”, me ocurre lo mismo que con Pedro Ferríz de Con, Gustavo Rentaría…et al, clasificados como “periodistas de derecha”… Me dan, no me disculpe usted, profunda GÛEVA (“gûeva” es mucho más radical que “hueva”)
Y es que todos ellos reflejan uno de los mas grandes defectos de nuestra identidad cultural, ie, independientemente de la brillantez con que desarrollan sus temas justifican, final y radicalmente, cualquier pendejada de los políticos con los que se han alineado y, por otro lado, jamás reconocen clara e incondicionadamente alguna acción acertada de sus contrarios.
Todos ellos pertenecen a nuestra èlite y podrían ser mejor definidos no desde topografías de izquierda ó derecha sino desde la perspectiva moral: son deshonestos, al menos intelectualmente.