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martes, julio 03, 2007

4 de Julio 2006 Fuí Lopezobradorista radical durante 14 horas

Un año antes de las elecciones federales del 2 de julio del 2006 estaba absolutamente decidido a no darle mi voto a Roberto Madrazo, Santiago Creel, ni a A. M. López Obrador. Los calificaba de menos a más, en ese orden. Pero aún el mejor calificado no reunía los ingredientes para que, a mi juicio, hiciera una buena presidencia de la República.

Decidí, por tanto, que invalidaría mi voto dándoselo a Patricia Mercado, de Alternativa Socialdemócrata. Después de todo, aunque no “calada” con poder, me gustaba su postura de izquierda democrática.

Pero, con la autocorrección que solo los procesos democráticos permiten, el PAN no postuló a Creel, el ineficiente, inactivo y anticlimático Secretario de Gobernación de Fox y la candidatura la ganó, arduamente, un chaparro, pelón, de lentes, de apariencia anodina: Felipe Calderón.
Meses antes Calderón me había simpatizado por haber renunciado a la Secretaría de Energía cuando el Presidente Fox intentó silenciarlo y “aquietarlo” para favorecer a Creel. Pero todavía me simpatizó más que , a pesar del inevitable enojo, pudo mantener una relación civilizada, de respeto, con Fox.


Calderón, remontó la enorme desventaja reflejada en múltiples encuestas en relación a López Obrador, rectificando errores a tiempo, estando alerta al entorno y rodeándose de gente eficiente y disciplinada.
Voté por él


Al final del día las televisoras y diversas encuestadoras “de salida” ya estaban anticipando que esta sería la elección más cerrada de nuestra breve historia democrática.
Cuando El Presidente del Instituto Federal electoral salió, a las 23 hs., a dar los resultados del Conteo Rápido confirmó lo cerrado de la competencia, oficialmente, diciendo que este ejercicio estadístico habitualmente confiable, no podía dar un ganador de las elecciones porque había menos del 1 % de diferencia en la votación por los dos punteros: López Obrador y Calderón.
Lo siguiente era esperar los resultados del Programa de Resultados Electorales Preliminares (PREP) que contabiliza los resultados de las actas de cada casilla agrupadas en 300 centros distritales. Se activó a las ocho de la noche del día de la elección y se programó para terminar 24 horas después. El procesamiento de datos estuvo disponible por internet y la TV hizo seguimiento continuo.
A las ocho de la noche del 3 de Julio se tenían los resultados del 98% -y decimales que no recuerdo- de las actas de casilla. Todos estábamos pegados a los noticieros. Yo, en verdad estaba encantado, pensaba: “con esta competencia cerradísima ninguno se nos podrá volver dictador”. Grosso modo, los mexicanos dividimos nuestros votos en tercios:
Un tercio López Obrador; un tercio Calderón y el otro entre los demás candidatos
El día 4 por la mañana AMLO habló de fraude. A su decir el IFE tenía un algoritmo metido en el programa del PREP que estaba diseñado para, por cada voto para él, darle una fracción a su rival. Mmmhh…
Pero agregó otra cosa, esta sí al alcance de papel y lápiz. Dijo que el IFE le había escamoteado TRES MILLONES de votos y era comprobable porque el número total de votos que salía en recuadro en todas las pantallas de televisión (treinta y tantos millones), confrontado con el número total de votantes no constituía el 98% que reportaba el IFE.
No lo podía creer. ¡Realmente había una discordancia de casi tres millones!
Me indignó ver, con mis propios ojos, un fraude tan evidente en contra de Andrés Manuel. Decidí apoyarlo.


Exhorté a mis hijos a que tomaran postura en relación a la situación.
Hablé de mi indignación con mis amigos en la cafetería en que nos reunimos 3 veces por semana. Éramos ocho. Yo, mi amigo “C” perredista de pura cepa y otro que también había votado por Calderón, nos declaramos dispuestos a responder al llamado a movilizaciones en protesta por el fraude electoral. Otros dos mostraron su rasgo sociopático al proclamar que el fin justifica los medios y que “al pinche loco” había que pararlo a como diera lugar. Los tres restantes se divertían, maníacamente, burlándose de los cinco apasionados.
A las 9 AM llegué a mi oficina. No hubo persona a la que no le dijera ese día que era inadmisible el fraude que se estaba cometiendo y que debíamos apoyar el llamado de López Obrador a las movilizaciones pacíficas.
¡Pero que hijos de su chingada madre!
Por la tarde-noche regreso a mi casa y me “clavé” inmediatamente en los noticieros, con la exasperación de mi esposa. Ella quería ir al cine. Yo quería oír a AMLO. Ella todavía se encarga de recordarme la frase con que “la mandé a la chingada”. Dice que dije: “Perdóname mi vida pero esto es mucho más importante que cualquier pinche película”.
No recuerdo la hora, pero salió a declarar Luis Carlos “el antipático” Ugalde, Presidente del IFE y aclaró que no había ningún ocultamiento de votos, que todos los partidos políticos habían aprobado el que en el PREP se hiciera un apartado en el que se incluyeran todas las actas con inconsistencias, que dicho apartado no era oculto y que su información siempre había estado a disposición de todos, vía Internet. Agregó además que el PRD no solo tenía conocimiento de todo ello sino que desde la terminal de ese partido habían accesado el sitio más de doscientas cincuenta veces la noche del 3 de Julio.


¡Pero que hijo de la chingada! ¿Me engañó el pinche López?

“Espera -me dije varias veces-, checa en Internet”….mhhhh ahí estaban todos los votos. Evidentemente no había dolo aunque “el antipático Ugalde” ni siquiera se disculpó por el evidente error en el recuadro de las pantallas ni por la manifiesta falla de información oportuna.

Todo mi enojo se volvió hacia Andrés Manuel López Obrador. Consiguió timarme durante 14 horas pero al día siguiente se lo agradecí porque, me dije:

NO ME EQUIVOQUÉ CON ÉL