
A este fallido emigrante el intento le costó las dos piernas al caer bajo las ruedas del tren -muy probablemente propiedad de Union Pacific.

De madrugada, con la esperanza de nos ser localizados por la "Border Patrol", dos emigrantes se sumergen en la orilla mexicana del Río Bravo con la firme intención -muchas veces fallida- de llegar al "Otro Lado"


Ernesto Zedillo no trabaja en México. Es otro emigrante mexicano que, por motivos que desconozco pero puedo imaginar, encontró mejores oportunidades en la estructura sociopolítica gringa que en la nuestra.
Por supuesto que Zedillo no tuvo que correr peligros mortales para llegar a establecerse en New Haven, Connecticut, Estados Unidos de América.
No tuvo que caminar kilómetros bajo temperaturas de entre 45 y 50 grados Celsius por los, frecuentemente mortales, desiertos de Arizona ó de cruzar con medios precarios las aguas del Bravo (Grande le dicen los gringos). No corrió el riesgo de ser perseguido y cazado por esa especie de apéndice del Ku Klux Klan llamado Minuteman.
Bueno, es comprensible: después de haber tenido un ingrato empleo en nuestro país como Presidente de la República se entiende que cualquiera se busque algo en el exterior. Personajes con antecedentes similares a él han acabado como embajadores en las Islas Fidji ó paseando aburridos, en espera de algún despertar mulato, en el malecón de la Habana; ó terminan ignominiosamente, organizando fiestas en alguna embajada mexicana en Europa.
Zedillo es un economista académico, para más señas, conocedor profundo y seguidor de las teorías económicas que le valieron el Premio Nobel a Milton Friedman. Los 6 años de su gobierno hizo lo que pudo por aplicarlas en México. Eliminación de propiedad estatal sobre cualquier medio de producción es uno de los postulados “friedmanianos” básicos.
Pinochet y sus secuaces en Chile fueron mucho más aplicados que nuestro compatriota en la implementación del sistema. Pero bueno, los Chicago Boys seguramente comprendieron que Zedillo no tenía algunos de los poderosos argumentos de Pinochet para “convencer” a la ciudadanía.
Sin embargo Zedillo, suave y casi inadvertidamente, seguramente bajo el aprendizaje del proceso mediante el que Carlos Salinas de Gortari consiguió privatizar la enorme telefónica, logró lo mismo con Ferrocarriles Nacionales de México que pasaron a propiedad de la Union Pacific Railroad de la que actualmente nuestro expresidente es consejero. Inevitable resulta ser malpensado.
En esas condiciones hasta me simpatiza más Salinas. Al menos Slim, afortunado propietario de Teléfonos de México, vive aquí y tiene que distribuir algo de sus enormes ganancias entre mexicanos con oficios de “guaruras”, jardineros y, ojalá, psiquiatras pero….¿Union Pacific?
Quizá eso le sirvió a Zedillo para evitar la caminata ó “to swim the river” como “wetback” y llegó, sin ningún problema a Yale, con el atractivo puesto de Director of the Yale Center for the Study of Globalization, desde donde escribe cosas como estas:
Por supuesto que Zedillo no tuvo que correr peligros mortales para llegar a establecerse en New Haven, Connecticut, Estados Unidos de América.
No tuvo que caminar kilómetros bajo temperaturas de entre 45 y 50 grados Celsius por los, frecuentemente mortales, desiertos de Arizona ó de cruzar con medios precarios las aguas del Bravo (Grande le dicen los gringos). No corrió el riesgo de ser perseguido y cazado por esa especie de apéndice del Ku Klux Klan llamado Minuteman.
Bueno, es comprensible: después de haber tenido un ingrato empleo en nuestro país como Presidente de la República se entiende que cualquiera se busque algo en el exterior. Personajes con antecedentes similares a él han acabado como embajadores en las Islas Fidji ó paseando aburridos, en espera de algún despertar mulato, en el malecón de la Habana; ó terminan ignominiosamente, organizando fiestas en alguna embajada mexicana en Europa.
Zedillo es un economista académico, para más señas, conocedor profundo y seguidor de las teorías económicas que le valieron el Premio Nobel a Milton Friedman. Los 6 años de su gobierno hizo lo que pudo por aplicarlas en México. Eliminación de propiedad estatal sobre cualquier medio de producción es uno de los postulados “friedmanianos” básicos.
Pinochet y sus secuaces en Chile fueron mucho más aplicados que nuestro compatriota en la implementación del sistema. Pero bueno, los Chicago Boys seguramente comprendieron que Zedillo no tenía algunos de los poderosos argumentos de Pinochet para “convencer” a la ciudadanía.
Sin embargo Zedillo, suave y casi inadvertidamente, seguramente bajo el aprendizaje del proceso mediante el que Carlos Salinas de Gortari consiguió privatizar la enorme telefónica, logró lo mismo con Ferrocarriles Nacionales de México que pasaron a propiedad de la Union Pacific Railroad de la que actualmente nuestro expresidente es consejero. Inevitable resulta ser malpensado.
En esas condiciones hasta me simpatiza más Salinas. Al menos Slim, afortunado propietario de Teléfonos de México, vive aquí y tiene que distribuir algo de sus enormes ganancias entre mexicanos con oficios de “guaruras”, jardineros y, ojalá, psiquiatras pero….¿Union Pacific?
Quizá eso le sirvió a Zedillo para evitar la caminata ó “to swim the river” como “wetback” y llegó, sin ningún problema a Yale, con el atractivo puesto de Director of the Yale Center for the Study of Globalization, desde donde escribe cosas como estas:
Migranomics Instead of Walls
Ernesto Zedillo
Forbes Magazine, 4 January 2007
(leíble en:
http://yaleglobal.yale.edu/display.article?id=8586)
Lo leo y me siento ambivalente. El tipo es brillante y parece apoyar la migración México-USA. Claro que su argumentación es absolutamente económica y no entran en sus consideraciones minucias humanitarias como sería, al menos, citar las tragedias cotidianas de miles de compatriotas (al menos 1,500 de ellos muertos en el intento de alcanzar trabajos menos glamorosos que los de Yale).