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miércoles, enero 16, 2008

ALGUNAS IDEAS DE S. FREUD SOBRE ODIO, AMOR, GUERRAS Y MUERTE

A tres días de reanudar labores para ganar el pan con el sudor de mis nalgas (trabajo sentado) me pregunto cuanto durará la sobredemanda. No he tenido, casi, momentos libres. 
Me gusta mi trabajo pero no la saturación. Aun predomina el placer pero sé que si esto se prolonga empezará la insidiosa corrosión del displacer.
 Mientras articulo mejor mis tiempos tengo que arreglármelas para no caer en el hartazgo que llevó a uno de los maestros del psicoanálisis en México, al final de su ejercicio profesional, a poner el siguiente letrero en la puerta de su consultorio:

"SI ESTÁ USTED BUSCANDO AYUDA, ¡BÚSQUELA CON SU CHINGADA MADRE!"
(En otras regiones hispanoamericanas "chingada madre" sería similar a "puta madre" ó, mejor, "violada madr)

Transcribo por lo pronto, literalmente, una pequeña carta de Freud escrita a fines de 1914,pocos meses después del estallido de la Primera Guerra Mundial y pocos meses antes de redactar "De guerra y muerte". El destinatario de la misiva, Van Eeden, era un psicopatólogo holandés a quien, sin embargo, se lo conocía más como literato. Hizo larga amistad con Freud, aunque nunca aceptó las ideas de este. La carta fue publicada por primera vez en alemán por Van Eeden en un semanario de Amsterdam en 1915. Aparentemente, nunca más volvió a imprimirse en alemán. Ernest Jones la tradujo al inglés en el segundo volumen de su biografía de Freud: 

Viena, 28 de diciembre de 1914

Distinguido colega:

Esta guerra hace que me atreva a recordarle dos tesis sustentadas por el psicoanálisis que indudablemente han contribuido a su impopularidad.

Partiendo del estudio de los sueños y las acciones fallidas que se observan en personas normales, así como de los síntomas de los neuróticos, el psicoanálisis ha llegado a la conclusión de que los impulsos primitivos, salvajes y malignos de la humanidad no han desaparecido en ninguno de sus individuos sino que persisten, aunque reprimidos, en el inconciente (para emplear el término de nuestro lenguaje), y que esperan las ocasiones propicias para desarrollar su actividad. 

Nos ha enseñado también que nuestro intelecto es una cosa débil y dependiente, juguete e instrumento de nuestras inclinaciones pulsionales y afectos, y que todos nos vemos forzados a actuar inteligente o tontamente según lo que nos ordenan nuestras actitudes emocionales y resistencias internas.

Ahora bien, si repara usted en lo que está ocurriendo en esta guerra -las crueldades e injusticias causadas por las naciones más civilizadas, el diferente criterio con que juzgan sus propias mentiras e iniquidades y las de sus enemigos, la pérdida generalizada de toda visión clara de las cosas-, tendrá que confesar que el psicoanálisis ha acertado en esas dos tesis.

Es posible que no haya sido totalmente original en ello; son muchos los pensadores y los estudiosos de lo humano que han formulado afirmaciones semejantes a estas; pero nuestra ciencia las ha elaborado detalladamente, empleándolas a la vez para descifrar muchos enigmas de la psicología.

Confío en que volveremos a vernos en tiempos mejores. Suyo cordialísimo,

Sigmund Freud

[Traducción de Luis López-Ballesteros y de Torres]