De pronto, inesperadamente, las cosas viejas reaparecen y encajan aún mejor.
Tenía, fácilmente, diez años de haber dejado sin activación, oxidándose, todas aquellas moléculas cerebrales que silenciosa pero fielmente mantuvieron en el archivo de las evocaciones latentes esta extraordinaria canción y música de Pink Floyd.
Juvenil en los setentas, “Time” me atrapó primero con el ritmo y la melodía.
Siempre me ha pasado así.
Me vinculo intensamente a través del sistema no verbal, primitivo, digamos, Neanderthal.
La planificación y análisis racional de lo que me gusta ó disgusta solo ocurre como addendum y, aquí si, se requiere el vehículo por excelencia del pensamiento: las palabras. La comprensión afianza ó debilita mis vinculaciones
“Time” me resultó dificilísima de traducir y quizá ese fue un ingrediente fortalecedor del apego que siento con ella. Creo que les pasa, magnificadamente, a las madres cuyo crío las hace sufrir intensamente en el viaje del útero al exterior.
No había traductores electrónicos y no existía el inmenso y democrático banco de archivos de “La Red” así que mi traducción de la letra de “El Tiempo” me ocupó semanas. No había conseguido la letra escrita así que la repetí incansablemente en casetera para escribir palabras y frases haciendo especulaciones interminables sobre la forma en que el sonido se escribiría en gramática inglesa para después abrir mi enorme “Great English-Spanish Velásquez Dictionary” con la esperanza de que mis especulaciones semánticas coincidieran con el diccionario y con el contexto de lo que iba entendiendo. Las palabras más difíciles (“Ticking away”; “fritter”; sinking –qué siempre oí como “singing”) y “naught”) pusieron a prueba la calidad del afecto de mi amigo gringo, Robert Chandler, al ayudarme a traducirlas a pesar de que detestaba a Pink Floyd.
La letra me encantó.
Encajó perfectamente con mi ser: ligeramente depresivo pero, paradójicamente, disfrutador de una gran cantidad de pequeñeces. De ambiciones pequeñoburguesas nada difíciles de llenar. Gastador despreocupado del tiempo. Comodino. Descreído pero con vibración de eco en las campanadas. Siempre he llegado tarde a las modas, a las tecnologías de punta y no he respondido nunca a “los disparos de salida”.
Fue mi himno durante años.
Un día indefinido desapareció de mi conciencia y de mi aparente interés quizá debido a la abundancia de estímulos que presionan a la sustitución. Pasaron, probablemente, diez años.
Ayer, intensa y arrolladora, volvió por sus fueros.
Llegué, siguiendo hormigas, al sitio de Pablo Sebastián http//catedraldehormigas.blogspot.com y ahí ocurrió el reencuentro con “Time”, ¡10 años después!.... “and then one day you find ten years have got behind you”
¿Cómo no sentir el susurro hechizante?
Mostrando las entradas con la etiqueta Música ( Pink Floyd; mi reencuentro;"Time"; traducción. Mostrar todas las entradas
Mostrando las entradas con la etiqueta Música ( Pink Floyd; mi reencuentro;"Time"; traducción. Mostrar todas las entradas
domingo, julio 01, 2007
Suscribirse a:
Entradas (Atom)