Para Kekox, con desacuerdo, pero con afecto
En México, ocupados permanentemente con la política de la cotideanidad y la supervivencia elemental no se ha dado (todavía) el intensísimo debate que, por ejemplo, ocurre actualmente en España en relación a la Fiesta Brava. "Tauromafiosos" llaman unos a los que les responden: "Hipócritas protectores de animales".
Una sola vez fuí a ese espectáculo. Tendría 6 años de edad. El torero era Lorenzo Garza. "El ave de las tempestades" era su mayestático apodo y era ídolo de mi progenitor. El lugar era la Plaza de Toros “Monumental” Monterrey.
Empezaron a clavarle las banderillas al animal y al ver la hemorragia abundante brotando de su lomo, empecé a llorar en silencio, bajé la cabeza y cerré los ojos.
Nos acompañaba mi padrino de bautizo y fué el quien advirtió mi conmoción. Interrumpió el éxtasis de mi padre y le dijo:
-“Compadre, el chamaco está asustado y no quiere ver la corrida. No se nos vaya a hacer maricón”-
Pocas cosas en mi vida me han fortalecido más que la reacción de mi viejo.
-“ M’ijo: ¿quiere que nos váyamos?” (así, acentuado preparoxitónamente)
Sin poder hablar, asentí con la cabeza.
Mi viejo se incorporó, me tomó de la mano y nos fuimos. Todavía alcancé a escuchar al padrino decir:
-“Haces mal, Compadre”-
A la distancia sé, sin titubeos, que pocas cosas me han hecho tanto bien como aquel lejano episodio.
Crecido, argumentaba con mi padre contra lo que me ha parecido siempre un espectáculo primitivo. Él, aunque parco y siempre hierático, me daba sus concisos argumentos. Nunca dejó su profunda afición y yo aprendí a respetársela seguramente porque él, natural y amorosamente, respetó mi aversión.
Siempre cerraba nuestras discusiones diciendo:
“M’ijo. No hay nada mejor que la Fiesta Brava para enseñar que hay luchas de vida ó muerte”
Personalmente no siento ningún placer ante el ritual, sangriento, cruel y despiadado, de causarle dolor a la bestia, a la subespecie “toro de lidia” que, por cierto, en un programa genético sorprendente, nunca se arredra y, a cada dolor, responde con más furia.
Pero debo decir que si no se me despierta placer en ello se me despierta horror cuando el que gana es el toro.
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sábado, julio 21, 2007
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