Debiéramos conmemorarlo seriamente, repasando los acontecimientos, estudiando sus causas, rescatando del anonimato a las víctimas y a los victimarios: ¿cómo se llamaban?, ¿a qué se dedicaban?, ¿cuales eran sus motivaciones?
Debiéramos interesarnos en estudiar las características del sistema de gobierno que mostró su agotamiento y fracaso esa noche.
Debiéramos estudiar la forma y los porqués del influjo que la matanza tuvo (hay quien lo niega... ¿será?) en los tortuosos cambios de nuestra vida social y política.
Debiéramos criticar la utilización manipuladora y mítica de esa fecha de grupos que solo buscan réditos de capitales que no les corresponden.
Debiéramos criticar la hipocresía de personajes que cambian de bando ideológico sin ofrecernos
la mínima explicación y/ó disculpa. Al decir esto pienso en Porfirio Muñoz Ledo y congéneres que aplaudieron en aquel tiempo la decisión del Presidente-Tlatoani Díaz Ordaz.
Debiéramos saber que la violencia es, entre otras cosas, signo de impotencia y derrota de civilización.
Debiéramos saber con claridad en que casos el Estado debe usar la fuerza y bajo que principios.
Debiéramos hacer todo ello con la tenacidad, minuciosidad y rigor que nos conviene.
Debiéramos...debiéramos... NO OLVIDAR