Mostrando las entradas con la etiqueta Cultura e identidad mexicanas 7 (Primer marcador de identidad cultural). Mostrar todas las entradas
Mostrando las entradas con la etiqueta Cultura e identidad mexicanas 7 (Primer marcador de identidad cultural). Mostrar todas las entradas

domingo, julio 08, 2007

PRIMER MARCADOR DE IDENTIDAD MEXICANA

Sigmund Freud, el rastreador por excelencia del funcionamiento mental inconciente, tuvo particular interés en estudiar la forma en que se instala, en cada mente, la Conciencia Moral eg.: los códigos normativos de la conducta social. Al “software” que se instala en la mente de cada individuo y que determina las prohibiciones pero también los ideales, le llamó: “Superyó” (en el sentido de “ Sobre el Yo” y no en el de “Supermán)

Freud (1930) creyó que había una concordancia entre el desarrollo del superyó individual y el proceso cultural de la comunidad y dice: “El superyó de una época cultural tiene un origen semejante al del individuo: reposa tras la impresión que han dejado tras sí grandes personalidades conductoras, hombres de fuerza espiritual avasalladora, o tales que en ellos una de las aspiraciones humanas se ha plasmado de la manera más intensa y pura, y por eso también, a menudo, más unilateral. La analogía en numerosos casos va más allá todavía, pues esas personas...han sido en vida escarnecidas, maltratadas y aún cruelmente eliminadas por los demás”.


Porque lo creo es porque me ha interesado ver lo que sigue vivo del pasado histórico de nuestra sociedad y porque hurgar en el pasado adquiere importancia para comprender y dar mejores perspectivas al presente.


Arturo Uslar Pietri, venezolano, escribió:
“Los descubridores y colonizadores fueron precisamente nuestros más influyentes antepasados culturales y no podemos, sin grave daño a la verdad, considerarlos como gente extraña a nuestro ser actual. Los conquistados y colonizados también forman parte de nosotros [... y] su influencia cultural sigue presente y activa en infinitas formas en nuestra persona. [...] La verdad es que todo ese pasado nos pertenece, de todo él, sin exclusión posible, venimos, y que tan sólo por una especie de mutilación ontológica podemos hablar como de cosa ajena de los españoles, los indios y los africanos que formaron la cultura a la que pertenecemos”

Alfonso Reyes, regiomontano, epítome de la erudición en nuestra tierra, suena freudiano en el párrafo que transcribo. Dice:
“En busca del alma nacional ... yo procuraría interpretar y extraer la moraleja de nuestra terrible fábula histórica, buscar el pulso de la Patria en todos los momentos y en todos los hombres en que parece haberse intensificado; pedir a la brutalidad de los hechos un sentido espiritual, descubrir la misión del hombre mexicano en la tierra, interrogando pertinazmente a todos los fantasmas y las piedras de nuestras tumbas y monumentos.”

Cada cultura establece y trasmite a sus miembros, transgeneracionalmente, las reglas de interacción entre sus miembros de tal forma que se pauta, poderosamente, la actitud de los individuos de una colectividad en relación al poder, y las reacciones ante lo diferente.
El paradigma de diferencia más ubicuo en toda sociedad es el de feminidad-masculinidad y el estudio de la forma en que se negocia el ejercicio del poder, las costumbres, reglas y actitudes implícitas ó explícitas en ese campo dan importante información sobre las marcas identitarias en cada cultura.

De acuerdo a la hipótesis freudiana de que una personalidad con fuerza excepcional deja huella cultural indeleble y da marcadores de identidad a su sociedad es por lo que propongo como primer marcador fundante de identidad mexicana la pautación de relaciones de pareja establecida por Hernán Cortés.
Cuando se trata de revisar ó estudiar alguna característica de la sociedad mexicana se encuentra casi invariablemente una referencia constante a la Conquista del Imperio Azteca conseguida por Hernán Cortés y sus 500 conquistadores. De entrada llama la atención la tremenda personificación del Capitán español tratando su sorprendente hazaña como una empresa personal más que determinada por el Imperio Español.

Realmente pareciera que Cortés es uno de esos “Hombres Clave”, que por sus características, el enorme poder que llegó a poseer y la magnitud excepcional de su hazaña, son capaces de dejar un registro en la mente de sus contemporáneos..
Hoy por hoy es una práctica extendida, implícitamente aceptada en nuestra sociedad, el que el hombre tenga lo que todavía se llama “catedral y capillita” ó “casa grande y casa chica”. Esto es, esposa y amante fija.

Desconozco estudios formales sobre esta costumbre y no creo que se hayan llevado a cabo porque creo que forma parte del área negada de nuestra cultura, pero veo su persistencia y ubicuidad en todos lados.
Cortés inauguró ese patrón de relaciones de pareja al tener como “catedral” dos esposas españolas consecutivas - con fuertes sospechas de que asesinó a la primera – y al menos cuatro amantes indígenas.

El ejercicio de esta forma de masculinidad seguramente no es exclusivo de la cultura mexicana pero, donde adquiere tintes sui generis, peculiares es al estudiar las características de las mujeres que participan en éstos triángulos – en ocasiones polígonos”- poligámicos.

He escuchado y revisado situaciones triangulares en múltiples ocasiones. He tenido el privilegio de analizar el triángulo desde el vértice del hombre; desde el de la esposa y desde el de la amante. He podido advertir que la poligamia masculina está presente y es aceptada en todas las clases sociales pero, por motivos económicos obvios, la instalación del triángulo fijo, con hogar establecido para hombre-esposa-hijos y hogar establecido para mismohombre-amante-hijos ocurre, predominantemente, en el nivel económico medio-alto y alto.

Los polos femeninos del triángulo, en casi todos los casos que he conocido, toleran la situación pero resisten intensamente el análisis objetivo de la misma.
En todas las culturas existen las distorsiones de los hechos pero en la mayor parte de ellas se reafirma una corriente epistemofílica que lucha por conocer los hechos, una peculiaridad en muchas relaciones interpersonales de nuestra cultura, particularmente las de pareja, es la aniquilación de lo fáctico, la tenaz y consensualizada negación o distorsión de los eventos que llevan carga afectiva.
Regla curiosa pero rigurosamente aplicada a las relaciones interpersonales. Eventualmente , el daño infligido por el polígamo a la Otredad es tan innegable, tan evidente, tan cruel y amenazante que el agente niega cualquier responsabilidad personal y la proyecta, con identificación, a cualquier tipo de fuerza para-personal, aún así, este mecanismo es universal, cualquier criminal del mundo recurre a este recurso. La originalidad nacional consiste en la enorme frecuencia con que la Otredad, los demás, incluida la afectada, aceptan rápidamente el mecanismo, eludiendo mayor exploración.

El llevar a sus últimas consecuencias la revisión de los hechos desagradables es profundamente temido porque habría que aceptar con plena conciencia la poligamia (a la manera de los Mormones antiguos) ó decidir que la relación es inviable ante esta alternativa. He escuchado a muchas de nuestras mujeres decir: “mas vale mal acompañada que sola”.
He visto y escuchado como tanto esposas como amantes ponen en marcha mecanismos culpígenos para obtener ganancias materiales y/ó emocionales en la relación con el “macho”.

Por supuesto que a ningún paciente, hombre o mujer, le he interpretado jamás que Hernán Cortés ó La Malinche están metidos en su cabeza como tales...sería absurdo, y sin embargo, en el “nuevo hallazgo” del objeto se pueden detectar algunos rasgos con persistencia transgeneracional, poderosísimos, difíciles de modificar y, presentes en muchos individuos, formando una unidad de masa. Estos Objetos, en esos individuos, debieran poder ser rastreados al núcleo familiar original.

Se puede, aunque se requiere el arduo trabajo de interpretar empáticamente mecanismos concientes e inconcientes que resisten el análisis de deslealtades, mentiras, sobornos, trampas, violencias, deshonestidades variadas, agresiones, falta de ternuras, incapacidad para trascender del coito a sexualidad plena, desconfianzas caracterológicas y, finalmente, quizá englobando todo, las dificultades para amar maduramente a La Otredad, a los diferentes (Cfr. :la conversación Marín – Nasif transcrita previamente).
Todos estos síntomas los he podido encontrar en todos los géneros. Y, en la gran porción de mexicaneidad que los tienen es posible advertir una especie de infantilismo, con hipersensibilidad a la crítica, negación de responsabilidades, demandas de amor incondicional y evasión de toma de decisiones y de comunicación franca (en todos los géneros).

Ocasionalmente alguna mujer-esposa decide terminar con el triángulo y opta por iniciar el proceso de divorcio. Enfrenta entonces a dos poderes institucionales mantenedores del status quo: el poder judicial y el eclesiástico.
He escrito antes que el diseño judicial de nuestro sistema de “impartición de justicia” tiene el toque de la perversión, perversión entendida como la conducta que se desvía de la consecución de la meta deseable, explicitada en nuestras maravillosas y “primermundistas” leyes escritas, Cfr. “Moral: ¿Árbol que da moras?, caso Carmina”.

En el mismo Caso Carmina se advierte la presencia del otro gran poder mantenedor del status quo: el de la iglesia católica mexicana que resiste, intensamente, cualquier posibilidad de modernización y de avance hacia la equidad de género. El sacerdote que desde hace muchos años ha sido el guía espiritual de Carmina le ha dejado en claro que "ese hombre", de acuerdo a la iglesia, "será tu marido para toda tu vida".


Seguiré